Reglas de la Composición Fotográfica
REGLAS DE LA COMPOSICIÓN FOTOGRÁFICA

Reglas de la Composición Fotográfica

¿Alguna vez, después de hacer una fotografía, la has comparado con otra muy similar realizada por un profesional, y has notado una diferencia abismal en cuanto a la sensación que transmite? ¿Por qué tu foto no resulta tan atractiva si cuenta con los mismos elementos que la imagen del fotógrafo profesional? ¿Será debido a que él emplea una cámara más sofisticada y de mayor calidad?

Es cierto que la cámara puede tener cierto peso en el resultado de una foto, pero no debemos olvidar que las fotos las hacen los fotógrafos y no las cámaras. Debemos que tener claro que, incluso con la ayuda de la mejor cámara del mundo, jamás conseguiremos obtener resultados profesionales si descuidamos un aspecto fundamental en la fotografía: la composición.

¿Qué es la Composición Fotográfica?

«Composición fotográfica» es como llamamos a la correcta distribución de los distintos elementos que se incluyen en el encuadre de una fotografía, con el objetivo de obtener una imagen que resulte equilibrada y estética a los ojos del espectador.

Componer correctamente nos ayudará a que nuestras fotografías transmitan mejor aquello que quisimos expresar en el momento de hacerlas, a destacar elementos que consideramos importantes en la imagen, o incluso a transmitir ciertos sentimientos y sensaciones al espectador.

Hacer fotos con una buena composición es una habilidad del fotógrafo, no de la cámara, por lo que podremos conseguir excelentes resultados tanto con una réflex profesional de 2.000 euros como con la cámara de nuestro móvil.

¿Y cómo podemos aprender a componer de forma correcta cuando hacemos fotos? Existen ciertos principios que todos los fotógrafos a lo largo de la historia han consensuado como aspectos fundamentales a la hora de componer. Son las llamadas «reglas de la composición fotográfica«.

¿Cuáles son las Reglas de la Composición Fotográfica?

En este post, vamos a enumerar y explicar las principales reglas de la composición. Si te acostumbras a aplicarlas cuando realices los encuadres con tu cámara, verás que puedes obtener resultados impresionantes con tus fotos. Imágenes con personalidad, capaces de transmitir todo tipo de sensaciones al espectador.

Pero tampoco dejes que estas reglas coarten tu creatividad. No debes tomártelas como una imposición, sé libre de transgredir estas normas cuando así lo estimes oportuno, si crees que ello puede ayudar a que una foto comunique mejor aquello que deseas expresar.

Pues, sin más dilación, vamos a ponernos manos a la obra, para saber cuáles son las reglas de la composición que todo fotógrafo debe conocer:

Regla de los Tercios

Esta es, probablemente, la regla de composición fotográfica más conocida de todas y una de las más importantes. Viene a decirnos que debemos hacer coincidir el motivo principal de la foto con alguno de los puntos en los que convergerían unas líneas imaginarias que se encargan de dividir el encuadre en tercios verticales y horizontales.

La mayoría de las cámaras cuentan con una opción que nos permite visualizar esas líneas de los tercios en la pantalla digital o en el visor, para así ayudarnos a la hora de componer correctamente.

Regla del Horizonte

Andes de nada, hay que aclarar que, en fotografía, el horizonte no es solo la línea visual que separa el cielo y la tierra (o el mar) desde nuestra perspectiva, sino también cualquier línea horizontal que divida la escena en dos partes.

Dicho esto, vamos con la regla del horizonte, que es bastante parecida a la de los tercios que acabamos de comentar. Nos dice que debemos situar la línea del horizonte (sea horizonte natural o artificial) a la altura de una de esas líneas imaginarias resultantes de dividir la escena en tercios iguales (en este caso, solo horizontalmente).

Si queremos dar el protagonismo a la parte inferior del horizonte, lo situaremos en la línea imaginaria superior; mientras que si queremos resaltar la parte situada por encima del horizonte, situaremos este en la línea imaginaria inferior. No se recomienda situar la línea del horizonte en la mitad del encuadre, pues, aunque se consigue simetría, se imposibilita que destaque ninguna de las 2 partes de la imagen.

Regla de la Mirada

Si realizamos una foto de retrato a una persona, un animal o cualquier otro protagonista que tenga ojos (por ejemplo, un muñeco), lo recomendable será dejar más espacio libre en el lado del encuadre hacia el que el sujeto esté dirigiendo la mirada.

De este modo, se transmite una sensación de tranquilidad y naturalidad muy interesante. Si optamos por dejar menos espacio libre en el lado hacia el que el protagonista del retrato dirige la mirada, conseguiremos justo el efecto contrario, es decir, dotaremos a la imagen de cierta sensación de tensión, prisa o desconcierto.

Direccionalidad

Esta regla es similar a la regla de la mirada que acabamos de explicar, solo que se aplica para objetos sin ojos que, por su disposición o morfología pueden expresar alguna dirección.

Lo entenderás más fácilmente con un ejemplo:

Imagina que quieres fotografiar un coche. Si dejas un mayor espacio libre en la parte del encuadre hacia la que «mire» el morro del coche, conseguirás una sensación más natural, que indica al espectador el flujo natural de ese automóvil, que es avanzar. Si, por el contrario, pegas el morro del coche en un extremo de la foto y dejas el espacio libre detrás del vehículo, la sensación que produce es que se te ha escapado el coche que querías fotografiar, que va tan rápido que has llegado tarde para retratarlo adecuadamente.

Horizontalidad y Verticalidad

Para conseguir un resultado más estético y armonioso en nuestras fotos, debemos procurar que todas las líneas horizontales y verticales de la escena aparezcan realmente horizontales y verticales en la foto.

A todos nos puede pasar que, por inclinar ligeramente la cámara de manera inconsciente, hemos obtenido una foto que pierde su fuerza porque nos ha quedado torcida. Hay que tratar de evitar eso y, para ello, podemos activar la ya mencionada opción para que nos aparezca en el visor de la cámara las líneas de los tercios, que nos servirán de referencia para respetar la horizontalidad y verticalidad de las líneas de la escena.

Si ya es demasiado tarde y has tomado una foto que ha quedado torcida, intenta corregir su inclinación con programas de retoque fotográfico como Adobe Photoshop o Adobe Lightroom.

Articulaciones sin Cortes

Cuando vayamos a realizar un retrato de una persona, hay que procurar no cortar el encuadre a la altura de articulaciones como el cuello, los codos, las muñecas, la rodilla o la cintura. Los resultados serían muy poco atractivos a la vista.

En lugar de ello, prueba otros encuadres menos abruptos, por ejemplo, cortando por debajo de los hombros, por la mitad del antebrazo, por encima de la cintura o a mitad del muslo. Conseguirás retratos visualmente más agradables.

Marcos en la Propia Foto

Queremos que los espectadores capten aquello que nosotros queremos enseñarles con nuestras fotos y, para ello, hay que hacer destacar el elemento protagonista de nuestras imágenes. Una manera muy interesante de conseguirlo es aprovechando los diferentes «marcos» (ya sean naturales o artificiales) que se pueden encontrar en nuestro entorno, para componer encuadres que dirijan la atención sobre aquello que queremos resaltar.

El arco de una de nuestras plazas, una ventana, las ramas bajas de un árbol… Las posibilidades son infinitas, solo hay que saber verlas.

Destacar el Centro de Interés

Si haces una foto a algo que te ha llamado la atención, es importante que el espectador sepa qué es ese algo que tú has considerado tan importante como para inmortalizarlo en una fotografía. Para ello, debes preocuparte de hacer que ese motivo principal destaque sobre el fondo y sobre otros elementos de la escena que podrían distraer la mirada del espectador.

Busca un ángulo diferente, acuérdate de situar correctamente al protagonista de la foto según la regla de los tercios, reduce la profundidad de campo para que el protagonista aparezca nítido y el fondo más desenfocado… Cualquier recurso es válido si consigues que el foco de atención recaiga sobre el elemento que quieres que sea el protagonista de la foto.

Simplificación

Esta regla va en consonancia con la anterior, pues nos invita a eliminar de nuestra composición cualquier elemento que no nos aporte nada interesante. De esta forma, obtendremos una foto más «simple», en la que destacará aquello que nosotros deseemos, sin que haya elementos superfluos que distraigan la mirada del espectador o que compliquen que el verdadero protagonista destaque en el encuadre.

Rellenar el Encuadre

Siguiendo con nuestro intento de dar un mayor protagonismo en la foto a aquello que nosotros queramos destacar, tenemos la opción de reducir el encuadre de la imagen a un único elemento, centrándonos exclusivamente en aquello que queremos mostrar.

Vamos con un ejemplo para que se entienda mejor:

Imagina que quieres captar la cara de tu hijo en el momento de abrir su regalo de cumpleaños. Si en el encuadre de la foto aparecen los otros niños de la fiesta, la mesa con la tarta y la estantería con libros que tiene a su espalda, lo que tú querías inmortalizar, que es la sonrisa de tu pequeño, pasará desapercibido por culpa de todas esas distracciones. La regla de rellenar el encuadre te invita a que te acerques a aquello que quieras captar, en este caso, a tu hijo con su regalo, evitando que aparezcan en la foto otros elementos que carezcan de interés.

Espacio Negativo

Otra forma de dar protagonismo a un sujeto o motivo determinado es hacer uso del espacio negativo.

Si aquello que rodea al sujeto protagonista de la foto es lo suficientemente neutro, como un espacio sin detalles o un fondo de un único color (especialmente blanco o negro), podemos hacer lo contrario a lo que explicábamos en la regla anterior, es decir, abrimos el encuadre para captar una gran porción de ese espacio neutro. Al ser un espacio vacío y sin detalles, tampoco representará una distracción que reste protagonismo a nuestro sujeto fotografiado.

Esta práctica se suele utilizar para transmitir una sensación de tranquilidad o incluso soledad del sujeto fotografiado. Nuestro protagonista, a pesar de ocupar solo una pequeña porción de la escena, cobrará muchísima fuerza, en contraposición con la gran porción neutra que ocupa el resto del encuadre.

Flujo de la Mirada del Espectador

Una forma de conseguir que el espectador aprecie el punto de interés de una fotografía es guiar su mirada.

Es algo que podemos conseguir mediante las líneas, rectas o curvas, que aparecen en nuestra composición. El sinuoso tramo de una carretera hará que el espectador siga con la mirada todo el recorrido del asfalto para ver hacia dónde conduce, las curvas del meandro de un río conseguirán que el espectador recorra con la vista todo el curso de la corriente de agua… No dudes en utilizar las líneas que te ofrece la escena para dirigir la atención hacia aquello que realmente consideras importante en tu foto.

Grupos de 3 Elementos

¿Sabías que, cuando se quiere fotografiar un grupo de varios elementos, si el número de estos es impar resulta más atractivo a la vista? ¿Y que dentro de los grupos de elementos impares, los formados por exactamente 3 elementos son los que resultan más agradables a nuestros ojos?

El 3 parece ser una especie de número mágico, que nos proporcionará imágenes atrayentes, cautivadoras y amables. Incorporar grupos de más elementos en una foto hace que se pierda el interés, pues este se dispersa entre más elementos.

Con esto no te queremos decir que reniegues para siempre de las fotos que contengan grupos de 4 o más elementos, ¡ni muchísimo menos! Pero sí te invitamos a que pruebes con fotografías en las que sean 3 los elementos destacados de un grupo. Verás cómo te sorprendes con los resultados.

Psicología del Color

El color es otro elemento más de la composición, así que no dudes en jugar con él y con lo que transmite. ¿Prefieres una imagen con colores fríos (azules, verdes, etc.) o con colores cálidos (rojos, naranjas, etc.)?

Otra posibilidad es prescindir de los colores, y apostar por una imagen en blanco y negro, pues los contrastes de estas dos tonalidades pueden dar como resultado fotos de gran fuerza.

Profundidad

Las fotografías son imágenes en 2 dimensiones en las que, normalmente, capturamos espacios tridimensionales. Dotar las fotos de una cierta sensación de profundidad nos ayudará a reflejar esa tridimensionalidad de la que hablábamos.

¿Y cómo lo hacemos? En fotografía, el recurso más habitual para ello es contar con varios planos paralelos a nuestra cámara (un plano principal, donde situaremos al protagonista de nuestra foto, y uno o varios planos adicionales que aportarán la sensación de profundidad).

Eso sí, hay que saber destacar el elemento protagonista de la foto, pues la mirada del espectador podría perderse entre los elementos de los distintos planos de la imagen. Un gran truco para conseguirlo es hacer uso de una reducida profundidad de campo, con la que conseguiremos que el plano donde se sitúe el elemento protagonista esté completamente nítido, mientras que el resto de planos aparecen ligeramente desenfocados.

Usar las Reglas de la Composición Fotográfica

Ahora que ya conocemos las reglas básicas de la composición fotográfica, es el momento de ponerlas en práctica con nuestra cámara. Salgamos a la calle, y comencemos a contar historias a través de nuestro objetivo. Imágenes capaces de transmitir emociones al espectador, guiando su mirada con estos pequeños trucos que acabamos de aprender.

Pero tampoco hay que obsesionarse. No debes utiliar las reglas de la composición fotográfica a la fuerza. Hazlo solo cuando y donde tenga sentido hacerlo. Igualmente, no dudes en dejar volar tu creatividad, y si tienes que transgredir alguna de estas reglas para ello, adelante.

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